miércoles, 9 de julio de 2008

La presente es para comunicar que el día viernes 11 de Julio a las 10am nos concentraremos juntos a los grupos, organizaciones sociales, colectivos y afines frente a la Embajada de Colombia en Chacaito como medida de protesta ante la visita del narco-paraco Uribe, presidente de la República de Colombia, a nuestro país.

Extendemos la invitación a todos ustedes.


Nuestro país no debe ser amigo de ese gobierno viciado y corrupto que asesina campesinos, sindicalistas, y cuanta persona alza la voz en favor de los oprimidos ¡¡¡ya basta!!!.
¡¡¡No hay pasividad popular!!!


¡¡¡Todos a participar!!!

martes, 8 de julio de 2008

Salir de Uribe en un atentado cuando esté con Chávez... puede ser la última pieza del rompecabezas. Canje Humanitario

Por: Judith Valencia

publicado en Aporrea: 07/07/08

Un Previo necesario.-

Desde 2005 preste servicio voluntario a la Cancillería. El 21 de diciembre de 2007 la reestructuración de la Casa Amarilla me desalojó, de eso hace 6 meses, tiempo suficiente para considerarme 'agente libre'. En octubre de 2007, hice llegar a la Sala Situacional de Palacio unos primeros comentarios sobre el Canje Humanitario. Las presentes notas la puse en manos de amigos buscando llegarle a Chávez. La velocidad del desarrollo de los acontecimientos me impulsan hacerlo público. 'De que vuelan/vuelan'.
Juego Enemigo-. Piedad Córdoba / Senadora Liberal / en lo personal su carrera política se encauza como defensora de los Derechos Humanos. Política que le permite mantener comunicación con militantes de la FARC-EP. Pieza inicial del rompecabezas ¿Será que la estrategia final de la operación Jaque-Mate a las FARC persigue la muerte de Uribe y Chávez?:
Hacen uso del corazón de Chávez
Piedad Córdoba públicamente compromete a Chávez / Aló Presidente
Chávez / en ausencia de Fidel / es la única vía para abrir un surco y llegarle a las FARC-EP.

Aprovechan la confianza y el deseo de paz de Chávez y de las FARC-EP.
Es un hecho cierto que Venezuela con el Plan Colombia no puede avanzar entre pueblos.
Al establecer la relación Chávez / FARC-EP logran montar con precisión la ofensiva electrónica: coordenadas, conexión por radio, celular e Internet.
El enemigo desbloquea la selva.

Uribe / Santos
1. Son 2 los Santos: Vicepresidente y Defensa. Es bueno recordar que Uribe se disculpa antes Chávez cuando en el 2007 nombra a Juan Manuel Santos Ministro de Defensa.
2. A Uribe lo debilitan con la parapolítica y le dan la estocada poniendo en duda la constitucionalidad de la reelección. Queda preso de Santos y Cía.-
3. Santos / Defensa, aparece como el de la ofensiva audaz [Enmanuel / Raúl Reyes / Ivan Ríos / Ingrid Betancourt].
4. Todavía en Diciembre con el caso Enmanuel aparece Uribe. Después del 1º de marzo / Ecuador, comienza el ascenso de Santos / Defensa.
5. En el Grupo de Río, Uribe se ve débil y confuso. En pleno desarrollo de la reunión los medios parten la pantalla y aparece Santos dando el parte de la muerte de Ivan Ríos “en combate” / en un mes van 2 del Secretariado.
6. En junio arremete contra Uribe. No sólo es un régimen parapolítico sino que fue tramposamente reelecto.
7. Ayer 2 de julio operación Jaque – Mate, el nombre tiene un significado / cercanos al fin. Desde 2008 el Plan Colombia / Plan Patriota es hoy Plan Victoria.
8. Trasladan a la Base Aérea de Catam lugar donde aparecen “los secuestrados” a todos menos a Uribe.
9. A Uribe lo dejan reinaugurando un hospital.
10. Las glorias son de Santos / Defensa y del ejército.
11. A los norteamericanos los envían directo – no participan de la celebración. Exponerlos ante los medios podrían delatar compromiso con acciones de la CIA – [basta sólo verlos, el lenguaje corporal los delata].
12. Al momento no hubo celebración con Uribe. Este hecho da señales de que Uribe no manda / ya estorba.
13. Amigos desde Colombia dicen: 1) Uribe es quien tiene la relación con las comunidades [los votos] y las fuerzas vivas [el comercio]. 2) Santos hasta ahora no le llega a la gente pero es el nexo real con el Pentágono y el Mossad.
14. Sin embargo... Salir de Uribe en un atentado cuando esté con Chávez... puede ser la última pieza del rompecabezas. Salen de dos con un mismo tiro. El enemigo tendría vía libre, sería mucha la sangre, pero ese no es elemento que detenga su arremetida contrarrevolucionaria.
15. Este es el riesgo que correría Venezuela si sigue insistiendo en que Chávez se reúna con Uribe el próximo 11 de julio o cualquier otro día.
16. Santos / Vicepresidente, primo de Santos / Defensa, asumiría la Presidencia hasta que termine el período Uribe.
17. Con Colombia sin Parapolítica y Venezuela sin Revolución la contrarrevolución arremetería hacia el Sur.

P.D. 7/7/2008 Ante la eminente reunión Chávez – Uribe

Durante el 2007, ante la insistencia de Uribe, buscando que Venezuela regresara a la CAN fui de opinión: en que la ficha clave del retardo en la aprobación final del TLC con Colombia, consistía en exigirle a Uribe asegurar el retorno de Venezuela a la Can. La CAN es el vehículo del enemigo para filtrar el TLC/ALCA e impedir, por compromiso internacional, el desenvolvimiento del proceso productivo socialista. Los gobiernos de Ecuador y Bolivia no tienen el tiempo suficiente para comprender los alcances imperialistas de la CAN. El gobierno bolivariano tardo algunos años en dilucidar la intención hegemónica supranacional de la CAN.
Con Uribe preso de Santos y Bush, en sus meses finales, es un sinsentido que Venezuela ceda. Las relaciones comerciales bilaterales con Colombia son un hecho real sin la CAN. Los dispositivos de la CAN permitirían un ALCA Andino vía a MERCOSUR con pasaporte a UNASUR. Riesgo mortal a la Unión, a la Revolución Bolivariana y Latinoamericana.

JV

sábado, 5 de julio de 2008

NO HUBO TAL RESCATE

Por Narciso Isa Conde

El régimen de Uribe es experto en las iniciativas espectaculares y los shows mediáticos. Y para eso cuenta con la nada despreciable ayuda de los poderosos medios de comunicación de EEUU y la oligarquía capitalista mundial.


El 1ro de julio del año en curso el periódico El País de España daba cuenta de que:

“Bogotá ha autorizado la reunión de dos negociadores europeos para discutir las condiciones para futuros encuentros para discutir el futuro de los secuestrados por las FARC, según han informado los medios colombianos. El antiguo cónsul francés en Bogotá, Noél Sáenz y el diplomático suizo Jean-Pierre Gontard partieron a comienzos del pasado fin de semana hacia un punto de encuentro en las montañas que el gobierno no ha facilitado y podrían haberse reunido ya con miembros del secretariado de la guerrilla, el principal órgano directivo, e incluso con el nuevo líder de las FARC”

La “Agencia Popular de Noticias” de Venezuela precisó a su vez el pasado 2 de julio lo siguiente:

"Cuando las Farc, en coordinación con emisarios de los gobiernos de Francia y Suiza, desarrollaban el traslado de los 15 retenidos en dos helicópteros, funcionarios del Ejército colombiano ya habían detectado y ocupado las aeronaves previamente"

“Aunque el gobierno de Colombia anunció la operación como un rescate militar por parte del Ejército colombiano, según la televisión francesa, la liberación de Ingrid Betancourt, junto con 10 militares colombianos, un policía y los tres mercenarios militares estadounidenses, habría sido producto del desvío del helicóptero donde las Farc trasladaban a los 15 retenidos a un punto donde, supuestamente, serían entregados a Alfonso Cano, quien estaba negociando con una delegación francesa y suiza su liberación."



Esta claro: FARC convino en liberar a esos retenidos (as) para ser entregados a la referida delegación franco-suiza, que actuó a nombre de los países europeos “Amigos de Colombia”, los cuales ya antes habían intervenido a favor del canje humanitario de prisioneros.

Recordamos que poco antes de ser bombardeado el campamento del comandante Raúl Reyes, éste estuvo dedicado a buscar la manera de liberar a Ingrid Betancourt y con esos fines tuvo contactos directos con el gobierno del Ecuador y de Francia.

Entonces Uribe y sus jefes militares, con la complicidad y la tecnología del Pentágono y la ayuda de dos generales ecuatorianos vinculados a la CIA, planearon y ejecutaron la “operación quirúrgica” que exterminó el campamento del comandante Reyes.



Así, violentando la soberanía territorial del Ecuador y provocando un genocidio- completado con el remate a tiros y palos de los sobrevivientes- se impidió entonces la liberación de Ingrid Betancourt.

Ya antes, al inicio de este milenio, inmediatamente después de la captura por las FARC de esta ex-candidata presidencial colombiana, el autor de este artículo participó en gestiones por su libertad y también entonces el señor Álvaro Uribe interpuso una operación militar para bloquear ese paso, cuando estaba a punto de concretarse.

Robo de la iniciativa a las FARC

Ahora las circunstancias son distintas y Uribe y su régimen narco-para-terrorista decidieron actuar de otra manera.

Como no podían negarse al pedido del diplomático francés Noel Sáez y del suizo Jean Pierre Gontard, aceptaron sus gestiones y autorizaron sus esfuerzos para entrar en contacto con el Secretariado de las FARC e incluso lo informaron nacional e internacionalmente desde el palacio presidencial.

Las FARC aceptaron de buenas ganas la propuesta franco-suiza y se dispusieron a trabajar en esa dirección.

Esos quince rehenes estaban distribuidos en tres puntos diferentes y distantes, y por esa razón dispusieron juntarlos en un punto común de la selva colombiana.

Previamente se concertó un operativo civil, en helicópteros civiles, para hacer los traslados y proceder a organizar la ceremonia de entrega de los(as) prisioneros(as), en la cual al parecer participaría la dirección de las FARC y la delegación extranjera.

Todo estaba convenido y los helicópteros civiles avanzaron en las direcciones previstas, solo que ni las FARC ni los representantes de Francia y de Suiza contaron con la astucia inescrupulosa de Uribe; pese a ser bien conocida y requete-comprobada. Quizás pensaron –y pensaron mal- que Uribe no se atrevería a tanto.

Pero ni Uribe, ni la CIA, ni el Pentágono, iban a permitir que las FARC se anotaran ese tanto; menos aun si resultaba relativamente fácil impedirlo, volteando en ese punto la tortilla a su favor.

Buenos tramposos, magníficos truhanes, expertos estafadores… se las ingeniaron para “intervenir” los vuelos de los helicópteros civiles, antes de llegar al punto donde se encontraban los(as) prisioneros.

Tomaron militarmente las dos naves, disfrazaron de civiles a los militares y procedieron a engañar a los encargados de reunirlos en su plan humanitario.

Jugada relativamente fácil, que evidentemente no necesitó de ninguna labor de infiltración previa en los grupos de custodias farianos, por más que insistan los uribistas en tratar de convertir esa mentira en verdad, para presentar unas FARC en supuesta y falsa desbandada.

Necesitó simplemente conocer los helicópteros contratados en Bogotá por los negociadores extranjeros, precisar sus emplazamientos y posibles trayectorias a través de un seguimiento adecuado.

El propósito no podía ser tumbarlos, ni tampoco realizar otra acción de exterminio como aquella realizada contra Raúl Reyes en la frontera con el Ecuador.

Después de aceptar la gestión europea y de propagarla, Uribe y sus colaboradores no podían actuar de esa manera criminal –muy propia de su catadura- sin pagar un enorme costo político.

La meta fundamental era impedir que las FARC plasmara el gesto que aprobó. Impedir la entrega formal de los retenidos a los intermediarios europeos y capturarlos por sorpresa para robarse el show.

Estos tipos no solo son ladrones de pesos, dólares y propiedades.

Roban también iniciativa y cuentan con un poderoso coro mediático que propaga su maniobra como una gran hazaña.

No hubo rescate miliar de prisioneros, porque los(as) retenidos estaban a punto de ser entregados en el curso de un operativo civil y nadie de las FARC tenía órdenes de resistir y poner en riesgo la vida de esas personas.

Hubo asalto militar de dos helicópteros piloteados por civiles desarmados, para entonces atribuirse la victoria por al liberación de quienes de todas maneras –y sin el riesgo de choque que implicaba ese operativo sorpresa- iban a ser librados.

Uribe y el alto mando militar colombiano interceptaron el proceso y desviaron el curso a su favor. Todo –repito- para robarle la iniciativa a las FARC y alzarse con el show.

Nada que felicitar en la conducta de Uribe

Eso no merece felicitación alguna a Uribe y los suyos desde una postura francamente revolucionaria o sencillamente progresista y honesta.

Tampoco demuestra la caducidad de la lucha armada como proclaman otros(as) que probablemente tendrán que recurrir a ella si las cosas siguen como van, si la “madre de todas las crisis” despliega su poder de arrastre, si la IV Flota de la Armada USA sigue en su agitado curso, si la base de Manta es trasladada a la Guajira colombiana (próxima a la frontera con Venezuela), si la “guerra climática” del Pentágono sigue ejecutándose, si el separatismo de factura imperialista persiste en fracturar Bolivia (primero) y Ecuador y Venezuela (después), si los paramilitares colombianos continúan su labor desestabilizadora en Ecuador y Venezuela, y si nuestros pueblos se ven obligados a desenvainar la espada de Bolívar.

Quienes elogian a Uribe y concilian con él desde procesos diferentes y contrapuestos al engendro que él presenta, quienes lo consideran su hermano y los que guardan silencio frente a los planes tenebrosos de ese señor y de sus poderosos padrinos del Norte (ahora más revuelto y más brutal), en verdad-verdad afilan cuchillo para sus gargantas: le están dando oxígeno a una especie de sub-imperialismo perverso, instrumento de los halcones de Washington.

Uribe es un criminal y no porque justamente le dijera en estos días el comandante Daniel Ortega, sino porque realmente mata a granel, dentro y fuera de sus fronteras.

Cuenta con muchos sicarios y con un tutor feroz y voraz con sede en la Casa Blanca.

No es casualidad el amor que le profesan Bush y McCain.

Al que no le cuadra ni un pelito elogiarlo es al comandante Chávez, menos aun después que el líder de la revolución bolivariana le dijera hace poco tantas verdades merecidas: mentiroso, asesino, genocida, peón del imperialismo…

Por eso cuando leo estas innecesarias felicitaciones y observo de su parte un inesperado espíritu de cooperación con Uribe, producto a mi entender de la razón de Estado, de la diplomacia mal entendida y de maniobras tácticas inconsistentes, se me desgarra el corazón.

No comandante, lo queremos muchísimo. Valoramos como el que más el proceso antiimperialista y pro-socialista que usted ha catalizado en Venezuela y en nuestra América. Pero así no.

Y en verdad no quiero pensar que en y desde Venezuela se esté comenzando a dar marcha atrás, sino que sencillamente se ha incurrido en un mal cálculo y en un error superable. Esa mi esperanza actual.

domingo, 29 de junio de 2008

Impunidad y olvido por decreto.

Por: Andrés Otálvaro (andresfotalvaro@yahoo.com)

Partiendo del principio de que los gobiernos engañan y aceptando que el escenario político se compone de toda suerte de intrigas y complejos intereses, perturba y provoca mucha inquietud la más reciente jugada del gobierno colombiano. Jugada inquietante, a todas luces, puesto que el presidente Uribe y su equipo de asesores son zorros muy duchos que cuidan al detalle todos sus avances y por lo general no dan puntada sin dedal.

Es difícil para cualquier observador, aislado de las dinámicas íntimas de este equipo, determinar con precisión cuáles son las razones y los fines de la reciente orden de extradición de 14 cabecillas paramilitares a Estados Unidos. Análisis que se complica aún más en razón del efectivo entramado de desinformación construido a través de sus 6 años de mandato. Pese a las explicaciones y los esfuerzos oficiales dedicados a la legitimación de este acto, mirando bien las cosas, se puede desenterrar un considerable cúmulo de torpezas y de elementos que ratifican una novedosa puesta en escena y la continuación de lo que desde un principio se perfiló como una gran farsa.

Las razones que expuso el presidente colombiano a la opinión pública apuntan principalmente a que los líderes paramilitares (¿desmovilizados?) incumplieron recurrentemente con los compromisos que asumieron al acogerse a la Ley de Justicia y Paz. Los incumplimientos, según Uribe, radican en que los jefes de las autodefensas continuaron delinquiendo desde sus lugares de presidio, no confesaron con diligencia y veracidad el conjunto de sus crímenes y no hicieron entrega adecuada de bienes y dinero a la justicia, lo cual derivó en el anquilosamiento del proceso de reparación a las víctimas.

Saltan a la vista toda una suerte de torpezas del mismo gobierno al manifestar públicamente su incompetencia para poner en práctica los postulados de una ley y dirigir un delicado proceso que buscaba poner solución a uno de los problemas más agudos de la historia contemporánea de Colombia.

Conciente o inconcientemente (lo cuál resulta difícil de creer) Uribe desmintió uno de los más significativos logros que atribuía a su gestión y del que se ufanaba todos los días en foros tanto nacionales como internacionales: el desmantelamiento del paramilitarismo en Colombia. No obstante la naturaleza categórica e irrefutable de este enunciado, convertido en verdadero fetiche gubernamental, fueron muchos quienes no se dejaron meter la mano a la boca y siempre estuvieron al tanto de esta mentira, así como de aquella que quiere negar la estructural simbiosis que existe en Colombia entre el paramilitarismo, el crimen organizado y el Estado.

Conforme fuentes del establecimiento, un interés confeso se mueve en este panorama y presenta a la extradición como un acto de buena conducta del gobierno colombiano ante el congreso de los Estados Unidos, con miras a que la bancada demócrata baje el listón de sus exigencias y abra las puertas para una exitosa negociación del Tratado de Libre Comercio entre los dos países; bloqueado actualmente con motivo de la inseguridad sindical, las violaciones de derechos humanos y la militarización del conflicto colombiano, entre otras cosas.

Esta lógica instrumental revela la lectura del gobierno colombiano con respecto a la subordinación de los intereses nacionales al supremo interés comercial. En términos tecnocráticos: un incremento unitario en términos de concesión de dignidad nacional a cambio de una presunta utilidad marginal comercial ¿Genial, no? Se sacrifica así un proceso judicial de alcances históricos para Colombia en aras de la ratificación de un acuerdo económico que como es bien sabido beneficiará principalmente a los mismos poderosos de siempre ¿Acaso tan poca cosa vale la humanidad de los colombianos y las colombianas? Porque lo cierto es que el principal costo de esta tétrica jugada política corre por cuenta de las víctimas del conflicto, entre ellos miles de campesinos que, desde la indefensión, debieron soportar las masacres, los asesinatos selectivos, los robos, los destierros y demás castigos provenientes de la motosierra paramilitar.

Sería incauto creer que a distancia, como si de la fuerza de gravedad se tratase, los siniestros actores intelectuales vayan a confesar prolijamente (algo que en Colombia no hicieron) sus crímenes de guerra y de lesa humanidad así como sus atropellos a los derechos humanos ¿Acaso en las cárceles de Estados Unidos existe un aliciente especial o un clima propicio que se preste para el recogimiento moral necesario y el sincero arrepentimiento de los victimarios? Si a ello sumamos todas las trabas administrativas que podría conllevar la “cooperación judicial” entre ambos países, podremos hacernos una idea del cultivo de impunidad que cada vez toma proporciones mayores.

“Cooperación judicial” es un eufemismo utilizado por las autoridades para evitar nombrar lo que tradicionalmente ha sido la actitud dócil y de sometimiento que el tristemente arrodillado y manoseado gobierno colombiano (quizás ahora más que nunca) ha perpetuado en su relación con los Estados Unidos. No se entiende por qué los colombianos y las colombianas tengamos que ceder los trámites de expiación de nuestras culpas nacionales y el protagonismo de nuestra propia historia a los intereses jurídicos hegemónicos de otra nación ¿Dónde queda nuestra dignidad, nuestra autonomía y nuestra soberanía? Se nos escapa entonces la posibilidad de saldar cuentas con un pasado marcado por heridas muy profundas ya que con lo ocurrido se veta la posibilidad de profundizar en atroces verdades y de adelantar acciones de reparación, no sólo material sino principalmente moral, a partir de procesos de catarsis en donde el perdón y el arrepentimiento sinceros se hagan sentir.

En contraposición a lo que piensan algunos, esta decisión no redundará en una pena más contundente para los paramilitares en cárceles estadounidenses. Por el contrario, los libra de una eventual captura, procesamiento y condena en el marco de la Corte Penal Internacional. Sorprende la impasibilidad propia de las imágenes de los criminales durante su traslado al país del norte. Contrariamente a lo que afirma la editorial del 14 de Mayo del diario bogotano el Tiempo, actualmente voz autorizada al servicio del poder ejecutivo en Colombia (tan pluralista es este medio como el gobierno colombiano se vanagloria de serlo él mismo), la existencia de un pacto subrepticio entre los jefes paramilitares y el gobierno colombiano cada vez despierta más sospechas: los intereses de ambos bandos son tan cercanos que no podría ser de otro modo. Es un secreto a voces que día a día toma más fuerza y plantea complejos interrogantes acerca de los detalles de este montaje. El clandestino Pacto de Ralito, firmado por varios políticos de derecha y representantes de las Autodefensas Unidas de Colombia en 2001, se refiere a la celebración de un nuevo contrato social y la fundación de una nueva patria: quizás esa gran empresa exija los sacrificios actuales de algunos “patriotas” en el entendido de que en un futuro serán recompensados como es debido.

Es insultante que el presidente justifique su decisión como una medida en pro de la verdad y la memoria histórica. Nada más falso ya que lo que se nos viene encima es un dramático proceso de desmemoria histórica, sobre el cuál será imposible construir un nuevo proyecto democrático; se acrecientan arenas movedizas en las que la heridas y los rencores pervivirán, los traumas permanecerán gravitando. Un maltratado, débil y homogenizado nacionalismo definido sobre manera por intereses foráneos, asentado sobre un forzado intento de olvido colectivo y marcado por huellas de impunidad en favor de los verdugos, nunca podrá consolidarse como base sólida para provocar un verdadero sentido de pertenencia (hacia lo dignamente colombiano). Ello, a su vez, impedirá el desarrollo de una potente memoria histórica tanto individual como colectiva a partir de la curación y la redefinición de nuestras identidades e intereses en pro de un futuro más justo, próspero y estable. Algunos países merecen lo que tienen: sería doloroso pensar que el caso colombiano es inexorablemente uno de ellos.

lunes, 12 de mayo de 2008

Un asesinato en masa silencioso

publicado por Alejandro Valle Baeza en el blog: http://crisis-economica.blogspot.com/

"La situación es dramática. Cada cinco segundos se produce en el mundo una muerte de un menor de 10 años por hambre, y la situación va a agravarse. Hay cerca de 850 millones de seres humanos que no tienen que comer. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas estima que, a partir de la actual crisis, hay 100 millones de personas hambrientas más. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), en 37 países se ha desatado una crisis alimentaria. En 2008, los naciones más pobres pagarán 65 por ciento más por sus importaciones de cereales; en algunos países africanos el incremento será de 74 por ciento.

Jean Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho a los alimentos, sostiene que es como si detrás de cada víctima por la hambruna hubiese un asesinato. 'Esto es un asesinato en masa silencioso.'”

"La comida es un instrumento de presión imperial. John Block, secretario de Agricultura entre 1981 y 1985, afirmó: “El esfuerzo de algunos países en vías de desarrollo por volverse autosuficientes en la producción de alimentos debe ser un recuerdo de épocas pasadas. Éstos podrían ahorrar dinero importando alimentos de Estados Unidos”.

Los productos agrícolas made in USA son una de las principales mercancías de exportación de ese país. Con su mercado interno saturado está empujando, agresivamente, para abrir las fronteras a sus alimentos. Una de cada tres hectáreas se destina a cultivar productos agropecuarios para exportación. Una cuarta parte del comercio rural la realiza con otros países. Si hasta antes de 1973 los ingresos por las ventas de este sector al exterior fluctuaban alrededor de 10 mil millones de dólares cada año, a partir de entonces aumentan en un promedio anual de 60 mil millones. El éxito se basó, en mucho, en la combinación de apoyos gubernamentales a la producción y al producto, para derrumbar los precios por debajo de los costos de producción, así como en abundantes subsidios a la exportación.

El presidente George W. Bush lo ratificó al firmar la Ley de Seguridad para las Granjas e Inversión Rural de 2002. “Los estadunidenses –dijo– no pueden comer todo lo que los agricultores y rancheros del país producen. Por ello tiene sentido exportar más alimentos. Hoy, 25 por ciento de los ingresos agrícolas estadunidenses provienen de exportaciones, lo cual significa que el acceso a los mercados exteriores es crucial para la sobrevivencia de nuestros agricultores y rancheros. Permítanme ponerlo tan sencillo como puedo: nosotros queremos vender nuestro ganado, maíz y frijoles a la gente en el mundo que necesita comer.”

Sistemáticamente, los organismos financieros multilaterales han promovido la destrucción de la producción agrícola local y la importación de alimentos de las naciones más pobres. El 70 por ciento de los países en desarrollo son ahora importadores netos de alimentos. Sus habitantes viven el asesinato silencioso en masa de esta guerra no declarada."

martes, 22 de abril de 2008

La izquierda errante en busca de la ciudad futura

por: Jordi Borja
Publicado por "Sin Permiso" el 20/04/08


1. Izquierda y ciudad.

Solo encontramos si sabemos lo que buscamos. Un principio epistemológico elemental. O no tanto. Bachelard nos dice que investigar es buscar lo que está escondido, pero mientras lo buscamos difícilmente podemos precisar de qué se trata. Para algunos que nos ocupamos de la ciudad lo que nos atrae especialmente de ésta es que es el lugar de la libertad y de la aventura posibles de cada uno, la multiplicación de los encuentros imprevistos, de los azares insospechados. La ciudad puede sorprendernos en cada esquina (Breton) y allí queremos vivir “per si hi ha una gesta” (Salvat Papasseit). La ciudad es vivencia personal y acción colectiva a la vez. Sus plazas y calles y sus edificios emblemáticos son el lugar donde la historia se hace, el muro de Berlín, la plaza Wenceslas de Praga, el Zócalo mexicano, la plaza Tienanmen… Y si miramos a un pasado más lejano el palacio de Petrogrado y las escaleras del Potemkin o la Bastilla y el salón del Jeu de Paume junto a la Concorde del París revolucionario. Precisamente en este salón se proclamaron Les droits de l’homme “los hombres nacen y se desarrollan libres e iguales”. El mito originario de la ciudad es la Torre de Babel, gentes distintas pero iguales, juntas construyendo su “ciudad” como desafío al poder de los dioses, como afirmación de independencia. Ciudadanos son los que conviven, libres e iguales, en un territorio dotado de identidad y que se autogobierna.

A una pregunta televisiva, imprevista y en directo sobre como definiría el “socialismo” Mitterrand respondió escuetamente: “es la justicia, es la ciudad”. La ciudad pues es una metáfora de la izquierda, en su doble dimensión individual y social, lírica y épica. La ciudad es cálida y es el contrapeso a la democracia que es frígida (Dahrendorf). La ciudad como el socialismo tienen por vocación maximizar la libertad individual en un marco de vida colectiva que minimice las desigualdades. La ciudad humaniza el ideal socialista abstracto, introduce el placer de los sentidos a la racionalidad sistemática, los deseos íntimos de cada uno modulan los proyectos colectivos. En la ciudad el héroe es el personaje de Chandler: duro y tierno: “si no fuera duro, señora, no estaría vivo, y si no pudiera ser tierno no merecería estarlo”.

La ciudad como metáfora de la izquierda nos interesa especialmente pues permite enfatizar algo que es común o necesario a ambas: la dimensión sentimental y sensual, cordial y amorosa, individualizadora y cooperativa, plural y homogeneizadora, protectora y securizante, incierta y sorprendente, transgresora y misteriosa. Y también porque vivimos una época en que no es casual que ciudad y izquierda se nos pierdan a la vez, parece como si se disolvieran en el espacio público, en sentido físico y político. Si la ciudad es el ámbito generador de la innovación y del cambio es en consecuencia el humus en el que la izquierda vive y se desarrolla, en tanto que fuerza con vocación de crear futuros posibles y de promover acciones presentes. La ciudad es a la vez pasado, presente y futuro de la izquierda. Y no tener un proyecto y una acción constante de construcción de la ciudad, que se nos hace y se nos deshace cada día, es un lento suicidio.


2. La disolución paralela de la ciudad y de la izquierda.

La revolución urbana que vivimos es una de las principales expresiones de nuestra época. No nos extenderemos sobre una temática ampliamente tratada, incluso por el autor de esta nota (1). Las nuevas regiones metropolitanas cuestionan nuestra idea de ciudad: son vastos territorios de urbanización discontinua, fragmentada en unos casos, difusa en otros, sin límites precisos, con escasos referentes físicos y simbólicos que marquen el territorio, de espacios públicos pobres y sometidos a potentes dinámicas privatizadoras, caracterizada por la segregación social y la especialización funcional a gran escala y por centralidades “gentrificadas” (clasistas) o “museificadas”, convertidas en parques temáticos o estratificadas por las ofertas de consumo. Esta ciudad, o “no ciudad” (como diría Marc Augé) es a la vez expresión y reproducción de una sociedad a la vez heterogénea y compartimentada (o “guetizada”), es decir mal cohesionada. Las promesas que conlleva la revolución urbana, la maximización de la autonomía individual especialmente, está solamente al alcance de una minoría. La multiplicación de las ofertas de trabajo, residencia, cultura, formación, ocio, etc., requieren un relativo alto nivel de ingresos y de información así como disponer de un efectivo derecho a la movilidad y a la inserción en redes telemáticas. Las relaciones sociales para una minoría se extienden y son menos dependientes del trabajo y de la residencia, pero para una mayoría se han empobrecido, debido a la precarización del trabajo y el tiempo gastado en la movilidad cotidiana.

Esta nueva sociedad urbana no está estructurada en grandes grupos sociales como los que caracterizaban la sociedad industrial. Es una sociedad individualizada, segmentada, fracturada entre los que temen perder sus rentas de posición, mediocres privilegios y seguridades vulnerables y los que viven en precario, en sus trabajos y en sus derechos, sin otro horizonte vital que el de la incertidumbre, sin otra garantía que la de no poder alcanzar el nivel de sus expectativas. Es una sociedad que necesita del Estado del bienestar, pero precisamente éste no llega, o no lo suficiente, a los que más lo necesitan. El muy loable propósito de defender el Estado del bienestar como “nuestro Estado de derecho” (2) olvida que este programa no garantiza el “bienestar”, por insuficiente o inadaptado a las necesidades de hoy a gran parte de los que más lo necesitan: los mileuristas y los desocupados, los jóvenes que no pueden acceder a la vivienda y los inmigrantes sin derechos reconocidos, los fracasados de la escuela y los excluidos por la fractura digital. Y los que viven en el círculo vicioso de la marginación, en urbanizaciones periféricas o en barrios degradados, lejos de todo y demasiado cerca de los que viven la misma situación o peor que ellos.

En estos espacios urbanos y en estas sociedades atomizadas la izquierda se pierde. Por medio de una gestión municipal correcta, atenta a sus electores, más reproductora que innovadora (más de lo mismo), mantiene su presencia institucional. Y por medio de la televisión reproduce un apoyo electoral general facilitado por el extremismo reaccionario de la oposición conservadora. Pero hay disolución de su presencia como fuerza social, cultural y política, por falta de arraigo militante en el territorio, especialmente entre los sectores sociales más discriminados en unos casos y más reactivos en otros. Y, sobre todo, hay disolución de su discurso. Si hay crisis de la ciudad (riesgo de degeneración y oportunidad de re-creación a una escala mayor) la izquierda debiera proponernos en el presente un proyecto de ciudad futura. Es indudable que los gobiernos locales progresistas han sabido desarrollar políticas positivas en la ciudad compacta heredada, especialmente de reconstrucción de los espacios públicos y de mantenimiento relativo de la mixtura social y funcional. Pero la izquierda, desde los gobiernos o desde la oposición, no es capaz de proponernos políticas de resistencia y alternativa a los efectos perversos de la globabalización que se manifiestan especialmente en los territorios donde se está desarrollando la ciudad futura, los vastos espacios urbanizados sin calidad de ciudad. Al contrario, mediante políticas sectoriales y cortoplacistas acaba sometiéndose a la lógica segregadora y excluyente del mercado y contribuye en muchos casos a la disolución de lo ciudadano. A lo que gobernantes (derechas e izquierdas confundidas) y grandes empresas añaden en nombre de la competitividad y del marketing urbano la ostentación arquitectónica, el neomonumentalismo de exportación, que banalizan la ciudad y alienan a los ciudadanos, puesto que en muchos casos esta arquitectura de autor parece destinada a provocar sentimientos de expropiación en vez de la identificación o la emoción integradoras.

Las cúpulas políticas, en especial las de izquierdas, periódicamente declaran que hace falta construir una gobernabilidad metropolitana para construir la ciudad del futuro. Pero cuando gobiernan evitan hacerlo pues parece que a la mayoría ya les va bien la fragmentación y la superposición de organismos actuales. Solo nos proponen proyectos de arquitectura institucional sin otra lógica que la burocrática (o la personal) de los que las defienden. Véase el lamentable espectáculo que nos ofrece la política catalana incapaz de proponer soluciones avanzadas sobre la organización del territorio, la gobernabilidad metropolitana, la legislación electoral, la participación ciudadana y la racionalización administrativa.

La cultura estatista y partitocrática es común a los que proceden de la tradición social-demócrata como a los que han adherido al social- liberalismo. Sus líderes políticos e intelectuales se mueven entre las abstracciones del Estado, de la economía global y de las encuestas de opinión. La ciudad de carne y hueso, de gentes con deseos y necesidades que se entremezclan en cada uno de ellos y que demandan respuestas integradas y próximas les queda muy lejos. Cerca, en el mejor de los casos están los gestores locales del día a día, inevitablemente conservadores de lo único que tienen, la proximidad, que no es suficiente para enfrentarse con las dinámicas actuales que reducen las libertades urbanas y acrecientan las desigualdades en el territorio.


3. Conflictividad en el territorio y asimetría política.

Es casi un lugar común en Europa la idea de que la contradicción propia a nuestras sociedades se ha trasladado del ámbito de la empresa al del territorio, es decir de la contradicción capital-trabajo a la de las políticas públicas (por acción u omisión)-condiciones de vida (reproducción social). Sin embargo esta contradicción aparece confusa por la multiformidad de los objetos o materias que la expresan, tan dispares como la vivienda y la seguridad, el trabajo precario y la inmigración, la protección del medio ambiente o el patrimonio y la movilidad. Una confusión que dificulta la construcción de proyectos simétricos oponibles.

A esta asimetría se añade la derivada de la diversidad de sujetos, con intereses a su vez contradictorios y que difícilmente son capaces de definir un escenario compartido en el que negociar el conflicto (solamente si el conflicto se agudiza y en casos puntuales). Denominamos esta conflictividad como asimétrica cuando los actores en confrontación no pueden definir objetivos negociables o no están en medida de asumir responsabilidades. Un caso extremo de conflictividad es cuando se da una rebelión “anómica” (por ejemplo las protestas de los “banlieusards” de Paris). Y un ejemplo de conflictividad sin contraparte que asuma responsabilidades es cuando hay una diversidad confusa de actores como ocurre actualmente con el conflicto de las infraestructuras en Catalunya.

Se puede argumentar que esta problemática afecta a la izquierda, que se encuentra con frecuencia entre y en las distintas partes en conflicto pero que difícilmente puede evitar esta situación puesto que lógicamente está en las instituciones y también representa a la ciudadanía implicada. Pero la cuestión que interesa en este caso no es la complejidad del conflicto sino la debilidad de las políticas de la izquierda institucional en estos casos. Una debilidad que se deriva más de la inconsistencia teórica y la laxitud de los valores morales que del carácter de las personas o las opciones coyunturales de los partidos. Una debilidad de los principios y de los valores que conduce al oportunismo electoral y a la gestión rutinaria. Veamos un conjunto de cuestiones conflictivas, que se expresan en ámbitos territoriales de proximidad. Temas que pueden servir como test para evaluar si la izquierda es portadora de un proyecto de futuro más democrático o es simplemente una gestora del presente, con sus progresos adquiridos y sus contradicciones y retrocesos permanentes.

La precariedad del trabajo. La evolución de la economía de mercado ha “naturalizado” la precariedad del trabajo asalariado, la consecuente desvalorización del puesto de trabajo y del proceso adquisitivo de la cualificación profesional. La izquierda gobernante ha implementado medidas correctoras de los efectos más negativos de la precariedad (seguro de desempleo, programas de formación continuada, duración mínima de los contratos de trabajo, reducción de la jornada, etc.) pero no es portadora de un proyecto global valorizador del trabajo y de la profesionalidad de todas las actividades como han planteado algunas corrientes sindicales (por ejemplo Trentin, exsecretario general de la CGIL, la confederación italiana). Por otra parte si tenemos en cuenta la entrada tardía en el mercado de trabajo, los casi inevitables periódos de desocupación que acechan a gran parte de la población activa y la jubilación de personas cuando aun disponen de dos o más décadas de esperanza de vida plantea la cuestión de la necesidad de unos ingresos mínimos garantizados. Actualmente las desigualdades y las incertidumbres caracterizan los actuales sistemas de pensiones. La propuesta de una renta básica universal es seguramente discutible en su concepción y de difícil implementación pero indica la existencia de un problema que requiere una solución global.

La vivienda y el suelo. La vivienda es un derecho básico recogido en los textos constitucionales y en las cartas de derechos humanos pero solamente es un principio orientador de las políticas públicas, es decir se trata de un “derecho programático”, no garantizado por el Estado de “derecho”. Hoy se ha convertido en uno de los grandes problemas sociales para amplios sectores de la población y al mismo tiempo una de las principales fuentes de beneficios especulativos, tanto del capitalismo financiero como de un extenso y variopinto mundo de propietarios de suelo, promotores y constructores. La urbanización, la construcción de viviendas y las obras civiles son seguramente el principal factor de corrupción política y social. En España, bajo gobiernos de izquierda y de derecha se ha destruído por igual el paisaje costero, la urbanización extensiva ha favorecido la mayor especulación del suelo de nuestra historia, se han construído centenares de miles de viviendas que no tienen comprador o localizadas tan lejos de los centros de trabajo y de servicios que generan altos costes sociales y ambientales. La izquierda ha abandonado sus objetivos clásicos: propiedad pública del suelo urbanizable y urbano, prioridad a las viviendas de alquiler (que no debiera superar el 10% de los ingresos familiares), continuidad y mixtura de los tejidos urbanos, etc. Y cuando se proponen medidas correctoras, como la reciente legislación sobre las plusvalías urbanas, son de una timidez increíble (recuperación por parte del sector público del 15% de estas plusvalías! ¿porqué no del 90 o del 100%?). La reciente ley catalana sobre el “derecho a la vivienda”, cuyo proyecto no iba más allá de otras leyes similares vigentes en los países occidentales, ha sido desnaturalizada tanto en el debate parlamentario como en la negociación social. En estos casos la mayoría de los representantes de la izquierda, tanto aquí como en Madrid, han demostrado convicciones muy débiles frente a los intereses privados. No encontramos hoy en la izquierda una comprensión clara sobre “el derecho a la vivienda” y menos aún sobre “el derecho a la ciudad”, una cuestión de la que depende nuestro futuro como izquierda.

Las infraestructuras y movilidad de los ciudadanos. El actual debate sobre las infraestructuras parece centrarse en una disputa sobre el nivel institucional al que corresponde la principal responsabilidad de gestión. Sin duda es un tema importante y parece probable que una gestión de proximidad de las redes ferroviaria y viaria, de los puertos y de los aeropuertos sería sin duda más eficaz al estar más sometida al control social. Pero no es un debate derecha-izquierda y sorprende que ambas coincidan en las mismas propuestas “incrementalistas” a pesar de que en muchos casos suponen costes sociales y ambientales difícilmente sostenibles. Parecería lógico que la base de partida de la izquierda fuera el reconocimiento del “derecho a la movilidad”, hoy fundamental, que debe considerarse un derecho universal, para todos, para cada día y a todas las escalas. En consecuencia debería priorizarse la movilidad más masiva y más cotidiana, como son las redes de cercanías, lo cual no sucede ahora. Las infraestructuras son también el principal motor de la urbanización y corresponde especialmente a la izquierda favorecer los desarrollos urbanos apoyados en la compacidad de los tejidos urbanos. No es así, los ejemplos en España y en Catalunya indican que no se asume ni el derecho a la movilidad ni el buen uso de las infraestructuras para hacer ciudad. En España se mantienen los modelos radiocéntricos y la política del “caballo grande, ande o no ande”. Y en Catalunya es suficiente analizar los programas viarios para constatar que sirven más a la especulación inmobiliaria que al derecho a la ciudad.

La seguridad ciudadana. De nuevo nos encontramos con discursos y prácticas que se caracterizan por las ambivalencias, las contradicciones y finalmente la sumisión a valores y comportamientos más propios de una derecha conservadora y excluyente, que excita los estados de opinión más primarios. La creación de ambientes seguros es un derecho fundamental para el conjunto de la población y es una obligación de las políticas públicas garantizarlo. Especialmente para los colectivos que por razones diversas son más vulnerables, sufren discriminaciones y demandan protección. Pero la inseguridad procede de muchas causas: desocupación o precariedad del trabajo, entorno urbano inhóspito, pobreza, presencia de colectivos culturalmente distintos y percibidos como potencialmente “peligrosos”, debilidad del tejido social, etc. Por otra parte vivimos en una época en que la política del “miedo” se ha convertido en un instrumento manipulador de la opinión pública por parte de los gobernantes más reaccionarios. Lamentablemente esta política ha contaminado a las izquierdas gobernantes y en bastantes casos han asumido el discurso securitario y la práctica de la represión preventiva en contra muchas veces de los colectivos más vulnerables. El ejemplo más próximo y más escandaloso es el de las Ordenanzas para la convivencia aprobadas por el Ayuntamiento de Barcelona, en las que se criminaliza a colectivos sociales enteros (vendedores ambulantes, prostitutas, mendigos, limpiacristales, sin techo, etc) y se imponen sanciones tan exageradas como inaplicables (3). Todo ello en nombre del “ciudadano normal” que tiene derecho “a no ver aquello que le disgusta”. Unas ordenanzas que la dirección del PSOE ha declarado que deberán servir de modelo a todos los ayuntamientos de España en los que participe en el gobierno. Incluso han sido bien recibidas por otros gobernantes de la izquierda europea como el alcalde de Bolonia, durante décadas considerada la ciudad modelo de la gestión progresista. Entendámonos: no se trata de defender una política permisiva, todo lo contrario. Creemos que la policía de proximidad, la justicia local rápida, la sanción inmediata de los comportamientos incívicos, etc. forman parte de unas políticas públicas que deben ser propias de la izquierda pues afectan a la gran mayoría de los ciudadanos. Pero la base de partida debe ser la consideración de todos los ciudadanos por igual, la protección de los más débiles y la construcción de unos ámbitos de convivencia que promuevan el conocimiento mutuo, la cooperación entre los ciudadanos y la solidaridad con los más débiles o discriminados. Curiosamente las “ordenanzas” citadas si bien proclaman al inicio su intención de sancionar los comportamientos racistas o xenófobos luego se olvidan de concretar esta buena intención en el articulado. El derecho a la seguridad hoy no parece que por ahora esté elaborado y asumido por la izquierda gobernante como propio, simplemente se apunta a la ideología y a las prácticas más conservadoras. Una ideología y unas prácticas que criminalizan a los pobres, a los jóvenes sin horizontes de los sectores populares y a los inmigrantes.

La Escuela pública y la religión. La Escuela pública, obligatoria y laica ha sido históricamente una de las grandes conquistas de la izquierda, en su triple objetivo. Garantizar una formación básica para todos los ciudadanos como medio de promover un desarrollo económico y social más justo y más eficaz. Crear un mecanismo de movilidad social ascendente al alcance de los sectores populares y de los colectivos que sufren discriminación y exclusión. Y por último formar ciudadanos para la democracia, mediante una educación que no imponga creencias que pretendan monopolizar la verdad y que signifiquen menosprecio para otras de signo diferente. Actualmente la combinación entre los afanes de distinción de los sectores sociales acomodados por una parte y el accesos al sistema educativo de los sectores populares, incluidos los procedentes de la inmigración, ha provocado una fuerte fractura en el sistema educativo. A ello ha contribuido el nefasto comportamiento de una parte importante de la Iglesia católica, defensora de privilegios heredados de la dictadura y convertida en gran empresa que ha hecho de la enseñanza un negocio y una fuente de poder y de influencia. La izquierda institucional ha entrado en este juego, políticamente y también personalmente. Envía a sus hijos a la escuela privada, incluso religiosa, y admite que las escuelas concertadas practiquen la discriminación (por ejemplo respecto a la población inmigrante) y incluso incluyan en sus enseñanzas obligatorias la religión. Esta debilidad ha traído consigo un retroceso progresivo del laicismo y ha permitido que incluso se admita la enseñanza de la religión (no la historia de las religiones) en la escuela pública. El resultado es que ninguno de los tres objetivos de la escuela pública, obligatoria y laica se cumplen.

Los servicios públicos urbanos y la sanidad: las multinacionales contra la democracia. Lo sabemos todo el mundo y es profecía: existen unas relaciones oscuras, importantes nichos de corrupción pública y posiciones privilegiadas de grandes empresas de servicios que generan enormes beneficios privados que pesan sobre los contribuyentes y sobre la calidad de las prestaciones. Es indiscutible que uno de los principales avances promovidos por la izquierda y su proyecto, hoy ya histórico, del “estado del bienestar, ha sido el establecimiento de un sistema de servicios públicos “universales” o de interés general. Este sistema está hoy afectado de un proceso de deterioro creciente debido principalmente a dos factores. Primero la relativa inadecuación de la oferta a las nuevas realidades urbanas caracterizadas por la difusión del habitat y la mayor escala de la segregación social. Las poblaciones menos solventes estarán peor servidas tanto en transporte público como en equipamientos socio-culturales y también en acceso a las actuales tecnologías de información y comunicación (la “fractura digital). Y segundo: las situaciones de monopolio de facto garantizan una impunidad que permite que los deficits de inversión y de mantenimiento fragilicen las prestaciones como ocurre ahora en agua y energía. Y no deja de ser una escandalosa paradoja que estas mismas empresas de servicios utilicen las políticas públicas de cooperación para instalarse en países menos desarrollados en los que fuerzan contratos leoninos y transfieren tecnologías costosas y poco adecuadas .

La cultura de izquierda debiera recuperar algo tan elemental y que forma parte de su razón de ser como es la propiedad colectiva de bienes básicos de la humanidad, por lo menos de los 4 bienes clásicos: el agua, el aire, el suelo y el fuego (la energía en términos actuales). No es posible que estos bienes sean objeto de apropiación privada y en consecuencia de lucro para unos y de exclusión para otros. La gestión del agua es privada y una parte importante de la población del mundo no tiene agua potable por no poder pagarla. Se compra el derecho a contaminar y los países dominantes contaminan así a las poblaciones más pobres. La propiedad privada del suelo es uno de los principales factores generadores de marginación social, de especulación privada y de corrupción pública. Y las mayores fortunas se generan en los sectores energéticos y se distribuyen según los niveles de solvencia de las demandas, con la paradoja que en muchos casos las poblaciones y los territorios productores de fuentes energéticas no pueden acceder a las mismas.

La sanidad pública merece una reflexión específica. Una de las conquistas del estado del bienestar es que garantiza la atención a toda la población (incluida la que no tiene reconocida la ciudadanía). Este sistema que sufre hoy de un evidente agotamiento, por sus altos costes de mantenimiento y por su organización administrativa poco adecuada pues se caracteriza por una oferta dirigida a demandas masivas y no siempre adaptada al tratamiento de situaciones locales y poblaciones heterogéneas. Se ha producido un considerable aumento de la demanda debido a la tendencia a la medicalización de cualquier malestar y por los progresos de la atención médica asi como por el debilitamiento de la estructura familiar y el acceso de la mujer al trabajo fuera de casa. Ante esta crisis se han tendido a dar respuestas economicistas y gestoras, basadas en la privatización de la atención y en la autonomía de los centros. Sin entrar ahora a discutir estas tendencias nos llama la atención una omisión: la negativa influencia de las multinacionales de la industria farmacéutica que estimulan la hipermedicalización, excluyen a las demandas menos solventes del acceso a muchos medicamentos y multiplican sus beneficios a costa precisamente de los contribuyentes que alimentan los fondos públicos y privados asistenciales. La cuestión de las multinacionales es más general pero el caso de la industria farmaceútica es probablemente de los más escandalosos y tiene una dimensión vinculada a la cotidianidad y a un derecho tan básico como la salud. Sería lógico esperar que la izquierda, tanto en la escala local como en la global, tuviera una posición de denuncia y confrontación con estas multinacionales, promoviendo urbi et orbi los medicamentos genéricos, difundiendo las fórmulas para que éstos llegaran a todos los países más pobres, imponiendo condiciones a la producción y distribución de medicamentos fabricados por el sector privado, creando redes locales de distribución alternativa y priorizando la investigación en los centros públicos. Y en general, que se nos evitara la vergüenza de ver tratar a las empresas multinacionales (las financieras, las de servicios, las energéticas, etc) como representantes del interés nacional por el hecho de tener su origen en el país (como actúan ahora, gobierno, partidos políticos y medios de comunicación en relación a las nuevas políticas que emergen en América latina).

La inmigración. El discurso y la práctica de la izquierda institucional es en este caso de una ambigüedad que va más allá de la inevitable consideración de los límites que tanto los marcos económico y legal (nacionales y europeos) como el estado de la opinión pública imponen a una política de la inmigración. Se practica la contradicción o el doble discurso entre los principios que se proclaman y las normas que se imponen. Véase si no la ley de extranjería que promovió el gobierno socialista en los años 80: en la exposición de motivos se decía que el objetivo era reconocer y proteger los derechos de los inmigrantes mientras que el texto articulado era un compendio de limitaciones al ejercicio de derechos básicos. Se hacen declaraciones oportunistas e hipócritas negando la regularización de los “ilegales” cuando todos sabemos que es inevitable que la población establecida en el país, que trabaja y paga impuestos, acabe siendo regularizada, lo cual deberá hacerse periódicamente. Se omiten los injustos costes sociales que debe asumir este ejércitos de reserva de mano de obra que trabaja en precario mientras espera que al cabo de unos años sea regularizado. Se ponen trabas a derechos tan básicos como el reagrupamiento familiar o el ejercicio de los derechos sindicales. No reclamamos que la izquierda practique una política de puertas abiertas en permanencia pero si que admita el derecho de los habitantes del mundo a tener un proyecto de vida propio y establezca cauces regulares y dignos para recibir una población que igualmente llega a nuestros países desarrollados. También aquí faltan principios claros y los más importantes son los que se refieren a los derechos de los inmigrantes. El derecho a la dignidad, al reconocimiento de su identidad, el trato basado en la “acción positiva” para facilitar su proceso integrador, la sanción al maltrato provenga de la sociedad civil o de los funcionarios públicos, la difusión de sus valores y de sus aportes al país al que llegan. Por ejemplo: los datos nos dicen que el nivel medio educativo de los inmigrantes es superior al de los españoles, y que la tasa delictiva (si excluimos la irregularidad legal) es igual al del resto de la población. La cuestión fundamental desde una cultura democrática es reconocer a los inmigrantes instalados en el país de acogida como ciudadanos de plenos derecho. No hay argumentos admisibles que puedan negar este principio. Para la izquierda es un test ineludible. La población de origen no comunitario con residencia legal debe ser sujeto de los mismos derechos que los nacionales, incluidos todos los derechos políticos.


4.Sobre la reconstrucción de una cultura de izquierdas. Tres reflexiones breves y generales

En este breve y apresurado artículo no pretendemos ni mucho menos analizar todos los nuevos desafíos de debe afrontar la izquierda. Solamente indicamos algunos temas vinculados, y no todos, vinculados al territorio de proximidad, el marco de vida habitual de los ciudadanos.

La idea central de esta nota es que la izquierda, si quiere ser fiel a sus objetivos históricos de libertad e igualdad, a su vocación internacionalista y de estar al lado de los son a la vez víctimas necesarias y resistentes potenciales de un sistema basado en el despilfarro global y el lucro personal, debe reconstruir sus bases teóricas y sus valores morales.

Una línea de trabajo que promete ser productiva es repensar los derechos ciudadanos correspondientes a nuestra época (4). Uno de ellos puede ser el “derecho a la ciudad”, que integra los derechos que hemos citado anteriormente: a la vivienda, al espacio público, al acceso a la centralidad, a la movilidad, a la visibilidad en el tejido urbano, a la identidad del lugar, etc. En otras dimensiones de la vida social, económica y política es preciso reelaborar y precisar “nuevos derechos” que se distinguirán por su mayor complejidad respecto a los tradicionales que sirvieron de emblema a las revoluciones democráticas y a las reformas sociales de la vieja sociedad industrial.

Optamos por conceptualizar estos derechos como ciudadanos y no “humanos” por considerar que forman parte del estatuto de ciudadanía, es reconocer a la persona como sujeto de derechos y deberes que le hacen libre en el territorio en el que ha elegido vivir e igual a todos los que conviven en este territorio.

Una segunda línea de reflexión es la de repensar el proyecto de sociedad hacia el que se aspira, como un horizonte ideal, más que como un modelo armado (tan especulativo como peligroso). El proyecto de sociedad no se inventa, nace de tres fuentes: la memoria histórica democrática, la crítica teórica y práctica de la sociedad existente y las aspiraciones y objetivos que emergen de los conflictos sociales en los que se expresan valores de libertad y de igualdad. La izquierda, después del fracaso y del justo rechazo de los modelos de tipo “soviético” y del agotamiento del “estado del bienestar” tradicional tiene miedo de pensar un “otro mundo posible”. Sin embargo tanto los ideales históricos del socialismo y del comunismo como las prácticas de los movimientos de los trabajadores y en defensa de la democracia así como las realizaciones del “welfare state” no solo representan un patrimonio positivo sino que son también unas bases para repensar el futuro. Causa vértigo el vacío cultural de la izquierda, que no quiere mirar hacia atrás ni se atreve a imaginar hacia delante. Y en España especialmente. La izquierda institucional teme el debate sobre la memoria histórica y evita la reflexión que cuestione el modelo capitalista despilfarrador que caracteriza nuestro modo de vida.

Y finalmente una tercera línea de trabajo requiere vincular en el pensamiento teórico y en la práctica política lo “local” (o nacional” y lo “global” (o internacional). Cuando viajamos a América latina o a Africa, forzosamente debemos pensar en términos “globales”. No solo por la inevitable comparación entre las situaciones que percibimos y las que vivimos en nuestro país. Pero es sobretodo la inmediata comprensión de que las situaciones que golpean nuestra sensibilidad y nuestra razón sabemos que en gran parte son debidas a las relaciones pasadas y presentes con nuestro mundo. Y nos resulta ofensivo regresar y leer las declaraciones de los políticos, incluso de la izquierda, y de los medios de comunicación, incluidos los “progresistas”, defendiendo a occidente, sus sistemas y sus empresas, y denunciando bajo el nombre supuestamente infamante de “populismo” cualquier crítica o amenaza a los intereses neocoloniales de gobiernos y empresas. Si contemplamos a “nuestra izquierda” desde el mundo africano o latinoamericano, siento mucho constatar que nos parece que es una derecha, ignorante, insolidaria, arrogante e injusta. Recuperar el “internacionalismo” en el marco de la globalización es una asignatura pendiente de la izquierda occidental.


5. A modo de epílogo: retorno a la ciudad y elogio del azar.

No confío mucho en la disposición a pensar, como se recomienda en el punto anterior, de la izquierda institucional, gestora del día a día y sin otro horizonte que el de las próximas elecciones. Como tampoco creo que la política se construya en los laboratorios de investigación y en los seminarios académicos solo nos quedan los movimientos políticos alternativos (globales) como los que combaten la globalización del mundo real en nombre de otro mundo posible y los movimientos sociales y culturales de resistencia (locales) que defienden identidades o intereses colectivos legítimos pero limitados. Solo nos queda esperar que entre la política institucional, los ámbitos de investigación y debate intelectual y los movimientos globales y locales se generen intercambios y transferencias que pueden sentar las bases de una izquierda pragmática en su acción y radical en sus objetivos.

Como no se pueden inventar los puentes entre estos actores tan distintos y tan distanciados solo se me ocurre confiar en el azar. Y en la ciudad. En la “serindipity” de la ciudad. Si no supieran el origen de esta palabra se lo explico (5). La “inventó” el escritor inglés Horace Walpole a partir de un relato, Aventuras de los tres príncipes de Serendip, país que luego se llamó Ceylan y actualmente Skri-Lanka. Los tres príncipes en su viaje descubren, siempre sin buscarlo y por intervención del azar, una multitud de hechos curiosos y muy novedosos para ellos. La “serindipity” puede entenderse como encontrar lo que no se busca (el Viagra es producto de unas investigaciones sobre la hipertensión). O como resultado del azar que establece conexiones imprevistas entre personas o entre éstas y hechos. La serendipity obviamente supone una disposición a observar, aprender, relacionar. Y para que el azar actué es preciso que el medio en el que puede producirse la serindipity sea denso y diverso, que genere múltiples contactos imprevistos, que los sujetos perciban hechos que no forman parte de sus trabajos ni de su cotidianidad, que en cualquier esquina pueda aparecer la sorpresa o la aventura (como dice la cita de Breton que aparece al inicio de este texto). (6)

La ciudad, real e imaginaria, la ciudad compacta y heterogénea, se caracteriza por la talla de la población y la velocidad de las conexiones que hace posible, es decir que multiplica las interacciones entre actores muy diversos. El peligro puede residir en un exceso de planificación racionalista, de ordenamiento funcional, de programación de las conexiones, de previsibilidad de los comportamientos. Sennett en una de sus primeras obras ya alertaba contra los efectos perversos del urbanismo funcionalista y reclamaba una ciudad que fuera lugar de encuentros múltiples entre gentes diferentes. Y el director de urbanismo de la City de Londres exponía en un encuentro internacional que los “pubs” eran el lugar más idóneo para la innovación económica y cultural pues los encuentros informales eran muchas veces los más productivos.(7)

No proponemos que los militantes pensantes se distribuyan por las cafeterías y suban y bajen de los tranvías. Pero si que hagamos del urbanismo una cuestión “política”. Las dinámicas actuales tienden atomizar la ciudad, a segregar grupos sociales y actividades, a reducir los intercambios entre ciudadanos, substituídos por relaciones entre servicios y usuarios, equipamientos y clientes. Como dice Ascher ”el urbanismo debe producir lugares, momentos y situaciones favorables a la serendiputy”.

La ciudad es el lugar de la historia, de la innovación cultural y política, es el entorno en el que se puede recrear y desarrollar la izquierda. Hoy hay tendencias disolutorias de la ciudad y de la ciudadanía. Es el doble desafío al que se enfrenta la izquierda: reinventar la ciudad y reinventarse a sí misma en la ciudad.

NOTAS: (1) La ciudad conquistada, Jordi Borja, Alianza Editorial 2003. (2) La izquierda sin crisis, José Mª Ridao, El País, 25-11-2007. (3) Inseguretat ciutadana a la societat de risc, J.Borja, Revista Catalana de Seguretat Pública, nº 16, 2006. (4) Los derechos ciudadanos, J.Borja, Documentos, Fundación Alternativas, Estudios, nª 51, 2004 (incluye una amplia bibliografía). (5) La ville c’est les autres, François Ascher, CCI-Centre Pompidou, 2007 y Examen clinique, journal d’un hypermoderne, Editions de l’Aube, 2007. (6) Nadja, André Breton, Gallimard, 1964. (7)The uses of disorder : Personal Identity and City Life, New York 1970 (versión castellana, Ediciones Península, 1975). La cita del director de urbanismo del Distrito de la City de Londres se refiere a una intervención en el Seminario de Grandes Ciudades, Centro Cultural San Martín, posteriormente publicado por el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires (1997).

Jordi Borja es profesor de la Universitat Oberta de Catalunya

domingo, 13 de abril de 2008

Evio Di Marzo vs. Reggaetón: La mejor y la peor tarima, crónica cultural por una cultura revolucionaria.

Por: La Salamandra

El 13 de abril de 2008, fue la primera vez luego de la derrota del 2 de diciembre, que fuimos convocados a llenar las calles de Caracas, para celebrar 6 años de la retoma del Gobierno revolucionario gracias a la fuerza y voluntad del pueblo bolivariano. Así como hoy, hace 6 años estuvimos celebrando en las calles la hermosa decisión del pueblo, de no dejarse quitar bajo ninguna circunstancia lo que le pertenece.

Hemos librado muchas batallas desde aquel entonces, sin embargo, debemos reconocer que desde el punto de vista comunicacional “no pegamos una”. Y es que tenemos esa mala costumbre de menospreciar al enemigo, de creer que “a mi, eso nunca me vuelve a ocurrir”, de mirar de lado el golpe suave, manifestado principalmente sobre la cultura (conjunto de todas las formas y expresiones de una sociedad, incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, etc.). Y es que no podemos resolver el tema cultural solo con “la misión cultura”, hace falta entender el metalenguaje de la comunicación y a partir de allí construir la cultura revolucionaria.

Reconstruir una patria debe implicar producir un movimiento cultural revolucionario que le haga frente a la producción cultural capitalista, y en esta nueva cultura revolucionaria, la música tiene un sitial primordial. Bien sabemos que todo proceso revolucionario ha estado acompañado de música, porque la música es el mejor conductor de las ideas revolucionarias.

La concentración de hoy, procuró distanciarse de las contradicciones que vivimos en anteriores marchas y concentraciones: mujeres bailando samba semidesnudas, canciones huecas que acompañaban las marchas, entre algunas cosas. Hoy presenciamos cierta intención por tomar distancia de esta caracterización, hoy estaban dispuestas unas cinco tarimas hasta llegar a la colocada en Miraflores, en nuestro recorrido vimos cosas muy buenas: jóvenes cantando ska, reggae, rock con letras llenas de contenido, rebeldía y pasión, ¡realmente excelentes!. De todas las tarimas dispuestas, les comento dos de ellas.

Eran aproximadamente las tres de la tarde, llegamos al puente Llaguno, y a riesgo de dejar en evidencia mi edad, tuve el placer de escuchar a Evio Di Marzo. Un excelente trovador por muchos años excluido por “revolucionario”, “izquierdoso”. Toda su presentación estuvo impregnada de sentimiento revolucionario, un llamado a mantenernos firmes en la lucha, a no claudicar, y a romper paradigmas. Explicó con sarcasmo, que la frase “Gringo GO HOME” era en realidad “GRINGO MOJÓN” (fonéticamente léase: gringo moujón). Cantó tres canciones. Una de ellas hablaba sobre las contradicciones de clase y las relaciones de producción en una mina. Otra de ellas (una de las más conocidas) versaba sobre Venezuela y el por qué quedarse en esta patria, en fin, letras y posturas que nos recordaban por qué estábamos en la avenida Urdaneta, rindiendo tributo a los caídos del 11 de abril de 2002 y celebrando la voluntad del pueblo.

Luego de esta presentación caminamos hasta la esquina de Carmelitas, por alguna razón que aún no entendía, no cabía una aguja, la gente se empujaba y coreaban un “Hay un hombre que jugo contigo y te hizo daño, pero mas nunca podrá disfrutar de lo bello de tu compañía”, al mejor estilo del sandungueo y el reggaetón, cuando miro hacia la tarima, una par de muchachas “sandungueando” y unos chamos a los que identifiqué rápidamente como el producto de un Sábado Sensacional en vivo desde la Avenida Urdaneta, hasta allí cero rollos, porque entre gustos y colores… pero ¡oh por Dios! A mi no me gusta Sábado Sensacional (¿me teletransporté a un Sábado Sensacional?, ¿y Daniel Sarcos?), un momento, ¡un momento!… yo estoy en la Avenida Urdaneta recordando a los caídos del 11 de abril, recordando al pueblo heroico que se alzó contra el fascismo el 12 y 13 de abril de 2002.

La gente estaba eufórica con el reggaetón, eso es una realidad; este ritmo musical se escucha es discotecas, tiendas, radio, televisión, sin distingo de clases. Sin embargo, y quiero ser muy enfática en este punto, no era la concentración convocada por el Gobierno Revolucionario y Bolivariano el espacio en el que este estilo de música debía presentarse, porque sencillamente necesitamos sembrar de convicción revolucionaria a nuestro pueblo, y no será el “sandungueo” el que ayude a conseguir este objetivo.

¿Quién o cuál fue el Ministerio o Institución encargada de montar esta tarima con estos muchachos?, ¿Cuál era la intención?, ¿Garantizar la tarima con mayor cantidad de personas (y así el Chávez no me reclama)?, ¿Cuánto costó montar a estos jóvenes en este escenario?. El grave problema en todo esto es que seguimos sacrificando el medio por el fin y esto no puede continuar, la única forma de garantizar que el pueblo seguirá construyendo y sembrando el proyecto bolivariano (muy por encima de la estructura burocrática) es sembrando conciencia revolucionaria.

Estos jóvenes cantantes (no músicos) saben hacer muy bien su trabajo, hacen un buen show, animan a la gente, las mujeres quieren aprender a moverse como las jóvenes que sandunguean en el escenario, los muchachos quieren hacerse las trencitas del Chino. Pero la Avenida Urdaneta el domingo 13 de abril de 2008 en la celebración de la victoria del pueblo sobre el fascismo y la oligarquía, no era el espacio para este tipo de eventos.

Tenemos música y músicos revolucionarios: Palmeras Caníbales, Melao Son, Son Tizón, Evio Di Marzo, Mc Arena y Mac Robex, el poeta del Morralito, Réquiem, Gino Gonzalez, Lloviznando cantos y muchos más que se me escapan en este momento. Tenemos la posibilidad de hacer cultura revolucionaria a través de la música ¿qué estamos esperando?.

La Salamandra
salamandrita@gmail.com