martes, 29 de julio de 2008

LA DEMONIZACIÓN DE CHAVEZ EN ESPAÑA

Por: VICENÇ NAVARRO

La falta de objetividad en los análisis mediáticos del Gobierno Chavez de Venezuela

El sesgo conservador en los medios de información

Desde mi vuelta del exilio me preocupa la limitada diversidad ideológica existente en los medios de información de este país, consecuencia del enorme poder que las fuerzas conservadoras tuvieron durante el proceso de Transición de la dictadura a la democracia y que continúan teniendo actualmente. Ello determina un sesgo conservador en la mayor parte de los medios de información del país que es fácil de mostrar. Un ejemplo de ello es la cobertura por parte de tales medios de la situación económica y política de Venezuela durante el gobierno Chávez. Tal cobertura se ha caracterizado por una enorme hostilidad hacia aquel gobierno, con el objetivo de desacreditarlo. No ha habido ni un solo artículo publicado en los cinco diarios más importantes del país que presente una visión favorable de lo que allí está ocurriendo. En cambio, sí que han publicado varios artículos sumamente críticos con aquella experiencia. En realidad, es mucho más fácil encontrar artículos críticos de Chávez en los medios de información venezolanos que un artículo favorable a Chávez en nuestro país. De este hecho podría deducirse que hay más diversidad ideológica en los medios de información venezolanos que en los españoles. Esta falta de diversidad está empobreciendo enormemente nuestra democracia. No existe un debate sobre la situación en Venezuela, debate que sí se está dando en otros países.

Uno, de especial interés, es el que se ha estado llevando a cabo en EE.UU. entre la revista Foreign Affairs, una de las revistas más influyentes en política exterior de aquél país (que ha publicado varios artículos críticos del gobierno Chávez) y el Centro de Investigación Económica y Política de Washington (Center for Economic and Policy Research, CEPR), un centro de análisis económico de orientación Keynesiana que goza de gran prestigio en EE.UU. y que ha cuestionado la objetividad de los estudios publicados en aquella revista. Mostrando la falta de sensibilidad democrática de nuestro mundo mediático, los medios españoles han reproducido algunas de las críticas al gobierno Chavez aparecidas en Foreign Affairs sin que ninguno de ellos haya hecho referencia a las críticas de CEPR a aquellos artículos. La última versión de este intercambio ha sido el debate entre el economista Francisco Rodríguez que publicó el artículo “An Empty Revolution: The Unfulfilled Promise of Hugo Chavez” en Foreign Affairs. Nº 87 Vol.2 2008 (pp 49-62) y el economista Mark Weisbrot de CEPR. “An Empty Research Agenda: The Creation of Myths about Contemporary Venezuela”, CEPR Reports. March 2008. Este último mostró en su artículo la selectividad de los datos presentados en el artículo de Francisco Rodríguez (a partir de ahora F.R.) y los errores metodológicos cometidos por tal autor. F.R. respondió a la crítica de Mark Weishor (a partir de ahora M.W) con el artículo “How not to Defend The Revolution: Mark Weisbrot and the missinterpretation of Venezuelan Evidence” Wesley Economic Working Papers, Wesleyan University, generando una respuesta de M.W (How Not to Attack An Economist (and A Economy): Gertting the Numbers Right”. CEPR Report. April 2008) en la que rebatía a F.R.. Es una lástima que tal debate se desconozca en España donde la demonización de Chávez es casi uniforme en los medios. Los argumentos y datos aportados por F.R. en contra del gobierno Chávez son ampliamente reproducidos tanto en EEUU como en Europa, y a base de reproducirse una y otra vez, sin estar sujetos a ningún escrutinio científico y objetivo, se han convertido en dogma, componente de la “sabiduría convencional” que pasa en tales medios como realidad y sentido común.


¿Carece el gobierno Chavez de sensibilidad social?

Las tesis que F.R. presenta son que las políticas de Chávez no han mostrado la sensibilidad social que el propio gobierno venezolano declara, señalando que la reducción de la pobreza que ha tenido lugar en aquel país no se debe a los programas sociales y a las políticas redistributivas del gobierno venezolano (en realidad, según FR las desigualdades han crecido durante el gobierno de Chávez) sino al crecimiento económico del país, resultado de la subida del precio del petróleo. F.R. muestra como prueba de esta insensibilidad social el hecho de que el porcentaje de gasto público social sobre el gasto público apenas ha variado en aquel país. F.R. añade que el gobierno Chávez ha tenido un desempeño negativo y decepcionante en sus objetivos sociales, tales como la reducción de la mortalidad infantil y nacimientos de bebés de bajo peso, así como el acceso a agua potable por la población. Estas son graves críticas a un gobierno, como el presidido por Chávez, que se presenta a sí mismo como representante de las clases más desfavorecidas de aquel país. Como ya he comentado en un párrafo anterior, tales críticas e incluso peores se han promovido y publicado extensamente en nuestro país. En varios artículos publicados en España, se ha subrayado incluso que la pobreza ha aumentado durante el periodo Chávez, crítica que por cierto, F.R. no hace.

M.W., en su respuesta, presenta datos y analiza la metodología del estudio de FR mostrando la falsedad de los primeros y los errores de los segundos. Los datos objetivos muestran que el porcentaje de la población que vive en la pobreza descendió de un 54% en 2003 a un 27.5% en 2007, disminución de la pobreza que sería incluso más acentuado si se añadieran en el cálculo del nivel de pobreza no sólo los salarios y las transferencias públicas, sino también los servicios públicos utilizados por la población como la sanidad, la educación y los servicios sociales cuya cobertura ha sido expandida entre las clases populares de una manera muy significativa. Este descenso de la pobreza en cinco años es mucho mayor que el que ha tenido lugar en la mayoría de países de Latino América.

M.W. muestra también la tergiversación de los hechos que realiza F.R. en su narrativa, que acompaña los datos. Según F.R. “la pobreza alcanzó su máximo nivel en febrero del 2002 como resultado de la recesión provocada por una expansión insostenible del gasto público realizado por Chávez durante sus tres primeros años de gobierno… lo cual creó una protesta general con huelga de los trabajadores de la compañía estatal de petróleos PDVSA”. M.W. corrige esta interpretación tan sesgada de los hechos. La oposición, con escasa cultura democrática, nunca aceptó las victorias electorales de Chávez, llegando incluso a realizar un golpe de Estado en 2007 (apoyado por los gobiernos estadounidenses del Sr. Bush y español del Sr. Aznar). Cuando Chávez fue elegido por primera vez en 1999, la economía venezolana tenía un crecimiento negativo. A partir de medidas tomadas por el gobierno, el crecimiento económico se recuperó y ello a pesar de la enorme inestabilidad política, con fuerte oposición de la clase empresarial y el sabotaje de la propia empresa estatal del petróleo, culminando con la huelga de los trabajadores de tal empresa que determinó una recesión, durante la cual Venezuela perdió 24% de su producto interior neto. Tan pronto la huelga terminó, el gobierno Chavez consiguió un mayor control de su empresa estatal y con ello, la economía se recuperó alcanzando niveles muy elevados de crecimiento. Fue a partir de entonces cuando la economía creció, el gasto público aumentó y el gasto público social aumentó espectacularmente.

F.R. cuestiona tal crecimiento del gasto público social mostrando que el porcentaje de gasto público social sobre el gasto total no aumentó en los años de gobierno Chávez. M.W. muestra, sin embargo, que el indicador que utiliza F.R. no es el adecuado para medir el gasto público social puesto que si el gasto público aumenta notablemente (como ocurrió en Venezuela, pasando este de representar el 23,7% del PIB en 1998 a un 31% en 2006) el mismo porcentaje de tal gasto asignado a temas sociales significan unas cantidades mucho mayores. De ahí que el gasto público social debe medirse en relación al PIB y no en relación al total del gasto público. Utilizando tal indicador, puede verse que el gasto público social aumentó de un 8,2% del PIB el año antes de la elección de Chávez a un 12,3% del PIB en el año 2003 y a 13,6% del PIB en 2006. Tomando sólo sanidad, educación y vivienda, tal gasto aumentó de un 5,7% del PIB a un 10,1% en 2006. De tales datos no puede concluirse, como FR hace, de que el gobierno Chávez no tenga la sensibilidad social que promulga. En realidad y tal como MW muestra, el gasto público social por habitante se ha triplicado durante el gobierno Chávez.

Naturalmente que la reducción de la pobreza no puede explicarse sólo por el crecimiento del gasto público social. El crecimiento económico es un factor necesario (aunque no suficiente) para reducir la pobreza. Desde que el gobierno Chávez consiguió el control de la energía en el año 2003, la economía venezolana ha crecido (descontando la inflación) un 87%. Venezuela ha creado empleo a un ritmo tres veces mayor que EEUU. El gobierno venezolano ha seguido unas políticas redistributivas que han reducido la pobreza y éste es el punto que FR niega, pues aun cuando no cuestiona la notable reducción de la pobreza (que el atribuye exclusivamente al crecimiento económico) niega que haya habido una redistribución de las rentas. MW muestra sin embargo que el coeficiente de Gini, el indicador que mide las desigualdades de un país ha descendido de 49,80 a un 44,10 en 2006 (utilizando datos de la CEPAL), una reducción muy notable de la desigualdad en la distribución de la renta.

En referencia a los indicadores sociales, FR escribe que ha habido un deterioro de las condiciones de vida de las clases populares, señalando por ejemplo, que ha habido un aumento de los nacidos con bajo peso pasando de representar el 8,4% en 1999 a un 9,1% en 2006 de todos los nacimientos y un incremento del porcentaje de casas familiares sin agua potable (de 7,2% de todas las viviendas a un 9,4%). M.W. muestra como estos datos no reflejan la realidad descrita por FR. Las variaciones en el número de nacimientos de bajo peso parecen corresponder al mejoramiento del sistema de registro de este tipo de nacimientos puesto que la mortalidad infantil ha disminuido de 21,4 a 15,5 muertes por 1.000 nacidos vivos. El gasto sanitario ha crecido notablemente, con el número de médicos en el sector público aumentando de 1.628 médicos en 1998 a 19.571 en 2007, con 40 por ciento de la población teniendo acceso a alimentación a precios reducidos debido a subsidios públicos. Y en cuanto al acceso al agua potable, los datos disponibles que MW presenta no indican un descenso del acceso de la población al agua potable sino una variación del tipo de acceso que podría deberse al gran incremento de la construcción.

Ni que decir tiene que la economía venezolana presenta problemas analizados también por M.W. Pero en base a sus datos y a otros que tienen mayor credibilidad que los sesgados presentados por FR, puede concluirse que el diagnóstico de “fracaso” e insensibilidad social del gobierno Chávez no es sostenible. Antes al contrario, es un experimento que no carece de notables éxitos que permanecen silenciados en los medios de persuasión españoles.

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